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miércoles, 24 de abril de 2013

Zamora. Un paseo a través del tiempo

Zamora vista desde el Duero
Créditos: J.E. Antón
Paséala despacio. Déjate mecer por el rumor del Duero y escucha todo lo que sus piedras te cuentan en silencio. Piérdete por sus calles y plazuelas  medievales; siente la vida y el espíritu que duerme en su románico, tan sencillo, tan llano, tan bello. Como esta tierra de reinos y castillos, de iglesias y cristos, de meseta y río. De impresionantes viandas: legumbres, corderos, vinos, chorizos y quesos. Y de arte, mucho. Y de historia, más. Y de Semana Santa, declarada de Interés Turístico Internacional, una religiosidad popular, seria y trascendente que toca el alma. Una ciudad que merece la pena pasear, oler, saborear, sentir y vivir… 
Bienvenidos a esta ciudad castellanoleonesa, enmarcada por Galicia y Portugal donde el Duero hace frontera creando unos mágicos arribes. 
Bienvenidos a Zamora.

Historia de Zamora
Repasar la historia de Zamora es remontarnos a la edad de bronce. A vacceos y celtas. A la conquista romana. A los fenicios y cartagineses para los que sería Ocellum Durii; a los visigodos que la llamarían Semuret o a los árabes que la denominarían Azemur y Samurah. Conquistada definitivamente por los cristianos fue reconstruida por Fernando I, quien, a su
Calle Corral de Campanas, Zamora
Créditos: J.E.Antón
muerte, la entregó a su hija Urraca.  Su hermano Sancho II quiso arrebatársela. No lo logró. Murió al lado de sus muros, tras un asedio de más de siete meses en el que los zamoranos resistieron con coraje. Por eso dicen que Zamora, la bien cercada, no se ganó en una hora. 
El asesinato del monarca es recordado en el Portillo de la Lealtad, pequeño paso en el lienzo de muralla cercano al Castillo, lugar por donde entró Bellido Dolfos perseguido por El Cid tras cometer el regicidio. Resulta curioso que hasta el año 2010, a tal acceso se le denominase “Portillo de la Traición”, cuando fue resguardo para el valeroso zamorano que, con su acción, consiguió terminar con el asedio de la ciudad.
Muy cerca del Portón nos encontramos con jirones de historia. Vetustos solares que acompañaron los juegos del Cid, en su niñez zamorana. Bonitos miradores al Duero. Románticas callejuelas del Troncoso y del Corral de Campanas, donde parece que la piedra de los muros y el verde de los patios retienen amores medievales. 

Arte y Leyendas
Comenzamos nuestro paseo. Eso sí, conviene no tener prisa porque, aunque la ciudad no es grande, tiene mucho que ver. Sólo en el casco urbano se cuentan 22 iglesias románicas. La mayoría de estos templos, así como varias construcciones civiles que aún persisten, surgieron en el siglo XII y XIII, convirtiendo a Zamora en la Ciudad del Románico
Catedral de Zamora
Créditos: J.E. Antón
Nada más comenzar la andadura encontramos la Catedral con su espectacular cúpula bizantina y su sólida torre. Entra y déjate sorprender por las tallas de la sillería del coro. Por su Virgen “de la Calva” y su Cristo de las Injurias. 
Otra vez fuera, en su fachada sur, al lado de la románica puerta del Obispo, veréis, petrificada, la cabeza de un ladrón al que el templo atrapó ahí, para siempre, cuando intentaba escapar con su botín. Es una de tantas leyendas que te cuenta Zamora. 
Otra ficción con base histórica es la denominada del Motín de la Trucha. Sublevación popular por la propiedad de un pez en el mercado, que terminó con el incendio de la Iglesia de Santa María, una de las más antiguas, cuando en su interior estaban reunidos todos los nobles de la ciudad. Busca entre sus muros el orificio por el que, de forma milagrosa, escaparon del fuego las hostias del sagrario, y se fueron volando hasta el convento de las Madres Dominicas, al otro lado del Duero. 
Torre de San Cipriano
Créditos: J.E. Antón
Seguimos caminando por las calles y vamos encontrando, aquí y allá, joyas del románico zamorano, como las afiligranadas arquivoltas de la Magdalena (donde hay que encontrar el busto de un obispo, es que te quieres casar),el rosetón de San Juan (que semeja una arcaica rueda de carro), las ventanas y capiteles de San Cipriano (con su primitiva rejería), la puerta sur de Santiago del Burgo (con sus dos arcos gemelos  que arrancan del centro de la puerta donde existe un capitel colgante sin fuste ni basa), los ajedrezados de Santo Tomé, los arbotantes de San Pedro y San Ildefonso, donde se venera el cuerpo del que fuera Arzobispo de Toledo… Pasear por la ciudad es una constante y agradable sorpresa.
Pero no todo el arte de Zamora es el Románico. En los albores del siglo XX, varios arquitectos del ámbito de Gaudí, recalaron en la ciudad y dejaron para la posteridad una importante cantidad de bellos edificios que han convertido a Zamora en una de las principales ciudades de la Ruta del Modernismo europeo.

Zamora y su buena mesa
La Zamora moderna es una ciudad de comercio y de servicios, pero también de tapeo y buen comer. Bares y tabernas compiten en la búsqueda de clientela con oficinas bancarias, tiendas de ropa o de productos de la tierra. 
Pulpo a la sanabresa
Créditos: Javier Lastras
En una ciudad en la que su calle principal es el pasillo de la casa común, es obligado salir, estar allí, charlar con los amigos y tomarse unas tapas. No te las pierdas. Cada establecimiento tiene su especialidad: pulpo a la sanabresa, tiberios (mejillones con salsa de pimentón), perdices de mar (sardinillas rellenas de tomate y rebozadas), figones (rebozado de queso y chorizo), mollejas a la zamorana o pinchos morunos que –recuerda- en Zamora se piden “uno que sí” o “uno que no”, según lo quieras con o sin picante. 
Si lo que deseas después del paseo es sentarte, descansar y degustar tranquilamente un plato zamorano, son muchos los restaurantes que pueden ofrecerte, junto con un magnífico vino de Toro D.O., el arroz a la zamorana (arroz seco con productos del cerdo), el bacalao al ajo arriero o a la tranca, el lechazo asado o las impresionantes presas de ternera de Aliste. Todos son alimentos de primerísima calidad y fantásticamente preparados. Y de postre, prueba unas cañas zamoranas o unas aceitadas. 
Zamora, una ciudad poco conocida, cercana, amistosa, coqueta, con encanto. Una ciudad que merece la pena pasear, escuchar, sentir, saborear y vivir…

© Marta Antón González, Derechos Reservados
De Mundo en cuando
Twitter: @martasia0103

miércoles, 27 de marzo de 2013

Murcia, la de los dos mares

Cartagena desde el Castillo de Galeras en la Base
de Submarinos de la Armada Española
Créditos: Viajes de Primera
Hay viajes en los que los paisajes se agrandan y se exploran posibilidades casi desconocidas a pesar de estar ahí, al alcance de la mano, porque ni la distancia es excesiva ni las costumbres, ajenas. Navegamos por dos mares, entre tres municipios y a lo largo de varios siglos de Historia para recuperar los mejores sabores del sur de la región de Murcia


Al atardecer, la superficie del agua es rosa. El perfil de los flamencos, con sus patas de alambre y sus picos ganchudos, se confunde con el horizonte, al que casi se podría llegar andando, sin que el agua cubriera por encima de las rodillas. Adentro, adentro, adentro sin perder nunca pie. Lo más parecido a caminar sobre las aguas; un recuerdo infantil arraigado en la memoria viajera, quizá porque contradecía todas las normas de supervivencia playera de los adultos.

Teatro Romano de Cartagena
Créditos: Viajes de Primera
Por aquel entonces nadie hablaba de fenicios, ni de cartagineses, ni de romanos. Tampoco de los árabes, inventores de las encañizadas, un sistema de pesca que sigue vigente a día de hoy. Aunque fueron ellos, primero unos, luego otros, entre todos, quienes sentaron las bases económicas y sociales de los municipios próximos al Mar Menor, la laguna salada más grande de Europa, uno de los ecosistemas más frágiles de la geografía española, un rincón sonriente y lleno de luz que sabe a almendras, a mújol, a naranjas y (para los más afortunados) a langostinos, escasos y muy valorados.

Molinos de agua para extraer la sal en las
salinas de San Pedro del Pinatar
Créditos: Viajes de Primera
Pero, por encima de todo, la Historia del Mar Menor sabe a sal, el oro blanco de la Antigüedad. “Era tan valiosa que tendríamos que imaginarnos toda esta zona rodeada de murallas, incluso con torres defensivas”, dice Carlos Alarcón, responsable de producto de Salinera Española, señalando con el dedo las montañas inmaculadas, algunas porosas, como de nieve recién caída, otras lisas y resbaladizas, de hielo casi, que salpican la explanada principal de sus instalaciones, en el corazón del Parque Regional de San Pedro del Pinatar.

Talasoterapia
Créditos: Viajes de Primera
También fueron los romanos, amantes de los sabores intensos y necesitados de alimentos no perecederos para sus ejércitos, quienes fomentaron la salazón del pescado, (mojama de atún, huevas de maruca….), una de las tradiciones más apetitosas de la zona, que se mantiene muy viva, a veces, incluso, de manera artesanal, en San Pedro del Pinatar, por donde pasaba la Vía Augusta.

El tercer fruto, a modo de guinda, del maridaje entre sol y sal es la lodoterapia. En Lo Pagán, la zona costera de San Pedro del Pinatar, se alinean las pasarelas de madera que descienden hasta esos fondos escurridizos, oscuros y terapéuticos que tan de moda se pusieron ya en el siglo XIX, cuando el turismo de salud daba sus primeros pasos, embutido en bañadores rayados que lo cubrían todo.
Submarino Isaac Peral en el paseo marítimo de Cartagena
Créditos: Viajes de Primera
Hoy, un paseo cuajado de palmeras, pescadores, andarines y bicicletas separa las Charcas de las Salinas del Mar Menor, donde debería terminar una sesión tradicional de fangos, por los beneficios terapéuticos de sus aguas de alta salinidad. 

Aunque la profundidad máxima de ese mar –Belich, como lo llamaron los romanos- es de 7 metros, hace algunos miles de años era mayor, de manera que las embarcaciones de gran calado podían fondear en su interior, al abrigo de las olas y las tormentas, protegidos de los piratas mediterráneos por ese brazo de arena que es La Manga…

Javier Castro sobre la cubierta del Submarino
Siroco en la Base de la Armada en Cartagena
Créditos: Viajes de Primera
Porque por el mar llegan novedades, productos, noticias, ideas… Pero también ejércitos y asaltantes, de ahí que esta zona de la costa murciana esté repleta de murallas, de faros, de torres vigías, construidos con ahínco, especialmente durante el reinado de Felipe II; de ahí también la importancia estratégica del puerto de Cartagena, donde la Armada tiene la base de submarinos más importante de España, donde nació Isaac Peral, marino, científico e inventor del torpedero submarino, y escenario cinematográfico de La chispa de la vida de Mota y Hayek.

Tres municipios, Cartagena, San Javier y San Pedro del Pinatar, y dos mares, el Mediterráneo y el Menor; un sinfín de posibilidades entrelazadas por los años y los pueblos que han ido viviendo y trabajando en estas tierras y en estas aguas, a las que ahora se vuelve a mirar como si fueran nuevas porque conservan la sabiduría milenaria de los supervivientes. Porque para avanzar hay que revalorizar lo de siempre, recuperar la esencia que las prisas fueron desdibujando a ladrillazos.

© Javier Castro y Beatriz de Lucas Luengo, Derechos Reservados
Twitter: @ViajesPrimera

miércoles, 13 de marzo de 2013

Termas Geométricas en Coñaripe, Chile


Termas Geométricas
Créditos: Cristofer
Las Termas Geométricas respetan su entorno y ofrecen al turista pozas insertas en un paisaje sobrecogedor. Para muchos, las mejores termas de Chile.
Chile es un país que cuenta con más de 250 termas a lo largo de su estrecha geografía. La mayoría de ellas se encuentran al sur de Chile y son muy visitadas, no sólo por el placer que supone, sino también por los beneficios que reportan al cuerpo. A poco más de 840 kilómetros al sur de Santiago, la capital de Chile, es posible disfrutar durante todo el año de las aguas de las Termas Geométricas. 

Cómo llegar a las Termas Geométricas 
Termas Geométricas en Coñaripe
Créditos: Andrés Briones
Si sale desde Santiago, debe coger la Ruta 5 sur hasta Pitrufquén -808 kilómetros- y continuar por el desvío que lo llevará a Licán Ray. Desde ahí, sólo 20 kilómetros lo separan de Coñaripe, un balneario con menos de 2 mil habitantes que se ubica en la ribera este del lago Calafquén. Desde Coñaripe sale un camino, apto para todo tipo de vehículos durante todo el año, al Parque Nacional Villarrica. A los 16 kilómetros, tendrá ante usted las Termas Geométricas. Otra opción un poco más “salvaje” y turística, únicamente en verano es, desde Pucón, el camino que cruza el Parque Nacional, sólo apto para vehículos con tracción en las 4 ruedas. 

Las Termas Geométricas 
Una pasarela de madera de coigüe pintada de rojo es el característico comienzo en estas termas. Después de recorrerla continúa una rampa sin peldaños que le permite andar los 450 metros de quebrada entre los que se pierden las 20 pozas. Perdidas entre naturaleza con mínimas intervenciones por el hombre y respetando al máximo la naturaleza, se hace un todo con las cascadas, piedras y vegetación. Durante la noche -en verano las Geométricas cierran a las 21 horas- y desde el atardecer, 400 velas iluminan las termas para que se pueda bañar en un ambiente único y especial. 

Otros servicios en las Geométricas 
Las Geométricas
Créditos: Andrés Briones
Nada más llegar a las Termas Geométricas y pagar la entrada, poco más de 20 euros, le entregarán un candado con su llave para que pueda guardar sus pertenencias en las taquillas que hay cerca de cada poza. También una toalla, todo sin coste adicional, y si se le ha olvidado el bañador, puede comprarlo ahí. Los baños en aguas termales además de un profundo bienestar, provocan hambre, es por esto que puede encontrar un quincho en un espacio cubierto, alrededor de un gran fuego abierto, en el que puede comprar comida y bebida. La comida está hecha en horno de leña y la casa invita a agua de vertiente con pepino y limón. 

Los alrededores de las Termas Geométricas 
En las cercanías de las Termas Geométricas puede conocer hermosos lugares que sin lugar a dudas lo dejarán boquiabierto. Pucón y Villarrica, además de ser muy turísticos, tienen ferias de artesanía donde puede comprar productos de madera trabajados a mano. Coñaripe, Licán Ray y Panguipulli, el la orilla del lago Calafquén son una buena opción si busca naturaleza y paisajes de ensueño. Un poco más al sur, se encuentra Puerto Fuy y el lago Pirihueico, donde puede coger un transbordador y cruzar a Argentina por el paso fronterizo más bajo de Chile, con sólo 659 metros sobre el nivel del mar. Todo un espectáculo a la vista.

© Carolina Bassa Mercado, Derechos Reservados